
Esos otoños perpetuos y sellados en tus ojos negros
como caídas de silencios en tus párpados desnudos,
ante las noches más intensas y calladas…
(donde amor, te dejo el alma) colgada en la ventana
como un atardecer tibio y silente que te acaricia
Y después de atar el corazón con listones de ambrosías,
se enternecen los sentidos que te llaman
con la voz de la ternura que me embarga…
y he llegado a cantar como un jilguero
(que te dice vida mía que te quiero)
de aquí hasta el infinito de los cielos
Ay amor que me envenenas con los labios
(con el beso más mojado y apretado)
con la boca…que destila como nardos…
sobre sábanas de seda entre los muslos
que parecen dos espigas bajo el viento
Y es que esta intimidad lleva tu nombre
y el olor de esa fragancia que diluyes…
sobre el campo de mi vientre
que parece ser el nido acaudalado que seduces
con tus manos…con tu piel y tu simiente…
Eileen




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